Dicen que asociarse con alguien para crear una empresa es algo parecido al matrimonio. Porque compartir una sociedad con una (o varias) personas supone crear una vinculación muy profunda, con un alto grado de compromiso.
En los últimos tiempos me he encontrado con distintas tipologías que han terminado en fracaso. Dos ejemplos:
¿Cuál es la clave para que la asociación sea fructífera? En primer lugar, si dos o más personas van a juntarse para crear una empresa, debe haber COMPLEMENTARIEDAD entre sus perfiles profesionales. Desaconsejo, en el caso de microempresas de nueva generación, la existencia de socios financieros (salvo que éste sea el accionista mayoritario y controle la sociedad). En el inicio hace falta liquidez, pero si alguien está dispuesto a invertir en un proyecto a cambio de una rentabilidad, aconsejo que lo haga como prestamista (con su correspondiente interés por la inversión). Se puede establecer un periodo de carencia en los primeros años de funcionamiento para que la liquidez no peligre. A la vez, un socio financiero minoritario está a merced de la mayoría, y ésta puede decidir no repartir dividendos a pesar de que las cosas vayan bien, por lo que podríamos decir que su aportación estaría “retenida”.
Mañana continuaremos con las claves del éxito entre socios.