“El blog de Julen Basagoiti. El Profesional del Siglo XXI. Liderar. Compartir. Aprender. Vivir. ¡Otro tipo de empresa es posible!”
02 / 09 / 2010 | -

Dicen que asociarse con alguien para crear una empresa es algo parecido al matrimonio. Porque compartir una sociedad con una (o varias) personas supone crear una vinculación muy profunda, con un alto grado de compromiso.

En los últimos tiempos me he encontrado con distintas tipologías que han terminado en fracaso. Dos ejemplos:

  • Sociedades constituidas por 2 o más socios en las que se da (o puede ocurrir) un empate 50%-50% en el reparto del capital. El peligro suele surgir cuando cada una de las partes tiene una visión diferente sobre el rumbo que debe llevar la empresa y no se llega a ningún acuerdo, convirtiéndose  la organización en un ente ingobernable. El final suele ser traumático, no solo en el ámbito económico, sino también en el personal.
  • Organizaciones con varios socios, en la que ninguno tiene una participación superior al 50% y en la que uno de ellos, además de capitalista, ejerce su actividad profesional y recibe, por lo tanto, una remuneración. El resto suelen ser socios financieros que esperan obtener una rentabilidad por la inversión efectuada. Es una situación que no me gusta. En teoría, los intereses de los aportantes financieros coinciden, pero, a menudo, sus necesidades de recuperación de la inversión suelen ser distintas.

¿Cuál es la clave para que la asociación sea fructífera? En primer lugar, si dos o más personas van a juntarse para crear una empresa, debe haber COMPLEMENTARIEDAD entre sus perfiles profesionales. Desaconsejo, en el caso de microempresas de nueva generación, la existencia de  socios financieros (salvo que éste sea el accionista mayoritario y controle la sociedad). En el inicio hace falta liquidez, pero si alguien está dispuesto a invertir en un proyecto a cambio de una rentabilidad, aconsejo que lo haga como prestamista (con su correspondiente interés por la inversión). Se puede establecer un periodo de carencia en los primeros años de funcionamiento para que la liquidez no peligre. A la vez, un socio financiero minoritario está a merced de la mayoría, y ésta puede decidir no repartir dividendos a pesar de que las cosas vayan bien, por lo que podríamos decir que su aportación estaría “retenida”.

Mañana continuaremos con las claves del éxito entre socios.

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