En abril de 1998 el PSOE celebró elecciones primarias para elegir candidato a Presidente de Gobierno. El secretario general del partido era Joaquín Almunia, y la previsión era que él fuera el elegido. Sin embargo, Josep Borrell ganó contra todo pronóstico. Enseguida aparecieron las primeras tensiones, que fueron subiendo en intensidad hasta que un año después Borrell dimitió y se volvió al esquema tradicional. Al año siguiente (en 2000), el Partido Popular obtuvo mayoría absoluta y Almunia tuvo que dimitir.
El problema que ocurrió es que en una organización donde la tradición (es decir, uno de sus principios culturales) siempre ha sido que el secretario general fuera, al mismo tiempo, candidato, no se había previsto otra situación ni sus consecuencias. El resultado fue un fuerte varapalo para los socialistas.
12 años después vuelve a presentarse el mismo caso, aunque ahora con otro matiz.
Por un lado, está el secretario general del PSM, Tomás Gómez, elegido por sus afiliados y que ha estado ejerciendo la oposición en el Parlamento de la Comunidad de Madrid en la presente legislatura. Por otro, aparece la candidata y actual ministra de sanidad, Trinidad Jiménez, avalada por Rodríguez Zapatero, José Blanco y Jaime Lissavetzky, entre otros. La voluntad de estos últimos era que Gómez no se presentara y renunciara a la candidatura en favor de Jiménez, cosa a la que se negó, por lo que ambas direcciones (la nacional y la regional), incapaces de buscar una solución, han trasladado el problema a la militancia. Y como en toda contienda, habrá vencedores y vencidos (por mucho que se nieguen), y por tanto, consecuencias.
Se supone que ambos comparten el mismo Proyecto y objetivo, que es el de conseguir el poder para llevarlo a la práctica. Sin embargo, la victoria de Jiménez supondría un revés para Gómez. Le dejaría en una posición incómoda al no obtener el respaldo de sus militantes. El triunfo de Gómez sería un auténtico bofetón para Zapatero y gran parte de la ejecutiva federal. ¿Qué mensajes lanzarán en campaña a favor de quien no era su candidato? Esperanza Aguirre y su partido, que tienen también grandes problemas, se han encontrado con un regalo inesperado desde su opositor.
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Solamente una pequeña aclaración que creo es importante.
El Sr. Tomás Gómez no ha estado ejerciendo la oposición durante estos tres últimos años en la Comunidad de Madrid, ya que ni siquiera es Parlamentario, sino que fue elegido Secretario General del PSM ya comenzada la legislatura, con lo que su verdadera función ha sido la de estructurar y supongo controlar, ya se sabe como operan las organizaciones de izquierdas, el PSM. Es decir que ha sido un mero “burócrata” del Partido.
Para los madrileños, está muy clara la génesis de esta situación, que se funda en el hecho de que es claro y notorio, que el Partido Socialista tardará pero que mucho tiempo en acceder al Gobierno de la Comunidad, a pesar de sus promociones, publicidades, agit-pro, etc, y de sus asociaciones con otros partidos minoritarios. Van a tener muy duro volver a gobernar, fundamentalmente porque el pueblo de Madrid, sí tiene “memoria histórica”, ya que fue, junto con la Comunidad Valenciana, una de las pocas zonas de España que no perteneció nunca a la España de Franco hasta el fin de la Guerra Civil. Los madrileños y los valencianos, recuerdan pero que muy bien, lo que fue la gestión de la izquierda en esas fechas, y que desde luego no concuerda en nada con lo que debe ser el futuro. Igualmente recordamos la gestión que el socialista Joaquín Leguina realizó como Presidente (gran persona y político), que lamentablemente se rodeo de nefastos Consejeros y colaboradores, porque no había buen material en ese partido.
En fín, es lo que hay.