“Business should be at the intersection of art and science”.- Edwin Land.- Polaroid
En nuestro última entrada decíamos que los líderes eficaces son grandes “preguntadores” y oyentes; muestran una extraordinaria sed de nuevos conocimientos; son curiosos y están dispuestos a asumir riesgos.
Un líder es un aprendiz toda su vida; el líder siempre tiene más preguntas pendientes que respuestas firmes; cada respuesta encontrada provoca un rosario de nuevas preguntas, como las cerezas en una cesta, tiras de una y salen juntas unas cuantas más. Es necesario aprender continuamente a ver más clara la realidad y saber discernir la brecha que hay entre mi visión de la realidad y la realidad misma, ya que ahí radica la tensión creativa que hace posible el aprendizaje, que provoca el cambio en las personas para que produzcan los resultados deseados, para que realicen acciones que son importantes para ellas.
Preguntar y preguntar esta es la clave de la pasión por conocer. Saber es importante, pero más importante es saber dónde están los que saben; saber dónde y a quien hay que preguntar. Hay que estar abierto a todos los saberes y conocimientos, un líder no puede ser una persona monotemática, tiene que seguir la recomendación de Edwin Land, tiene que actuar siempre en el cruce entre las ciencias y las letras. Ninguna rama del conocimiento tiene que ser un arcano para el verdadero líder.
El líder no puede tener la pasión por conocer por el solo prurito de conocer; el líder tiene que saber expresar su pasión por el saber en el hacer, en la toma de decisiones para su vida personal, familiar, profesional y social. El líder tiene que aumentar su capacidad personal para vivir la vida desde una posición creativa, más que reactiva.
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