Las declaraciones del Sr. Rosell, presidente de la CEOE, sobre la cifra de parados y de funcionarios, han hecho que cambie el post que tenía pensado para hoy. No han parado de caerle críticas desde entonces, todas con razón.
Yo me incorporé al mercado laboral en 1993. Me costó dieciocho largos meses encontrar trabajo. Durante ese tiempo, además de buscar empleo, me formé con un máster y con idiomas. Fue una época dura y difícil. Y puedo asegurar que tuve suerte entre mis compañeros de promoción. A la mayoría les costó más y muchos de ellos, de hecho, terminaron por dedicar su carrera profesional a algo totalmente ajeno a lo que habían estudiado. Todo porque las empresas no tenían sitio para nosotros. No hacían bien su cometido. No recuerdo a nadie feliz en aquella situación.
Siempre quise llegar a lo más alto. Enfoqué mi formación en esa dirección. Desde 1993 he asistido a muchos cursos y conferencias. He leído muchos libros y artículos. La idea más importante que me ha quedado grabada de todo ello es que el secreto de un buen líder está, además de tener una sólida formación y experiencia, en saber relacionarse con las personas.
Hacer un buen plan comercial o un presupuesto no es muy complicado. Llevarlo a la práctica de manera exitosa, sí. Y para ello es fundamental considerar el talento de los profesionales que nos rodean, dar autonomía y confianza, generar un buen ambiente, y reconocerlo (también económicamente).
Eso es algo que han dicho muchos representantes de la CEOE en múltiples ocasiones. Y está claro que no lo han llevado a la práctica. El tejido empresarial español no ha estado a la altura de las circunstancias. Por eso hay 6 millones de parados. Porque Sr. Rosell y sus compañeros dicen una cosa y hacen la contraria.
Rosell se mete con los funcionarios. Pero la organización que preside vive, en su mayor parte, del dinero público. Así que podríamos decir que él también también lo es. El día que la CEOE renuncie a las subvenciones y se financie única y exclusivamente con las aportaciones de sus asociados, podrá empezar a hablar con algo más de propiedad. Eso no le dará derecho, sin embargo, a seguir diciendo estupideces.
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El dinero negro es como las meigas: nadie las ha visto pero, haberlas, haylas. Presuntamente se usa en los negocios, en la política o en los deportes.
Lo que todo este reguero de noticias que vemos a diario pone de manifiesto es que en las clases dirigentes, sean del ámbito que sean, hay una tentación grandísima por buscar atajos, que a menudo son ilegales, para obtener recompensas rápidas. La avaricia y/o el cortoplacismo están detrás de estos comportamientos.
Y lo que se pone de manifiesto también es que si en las empresas no hay una cultura de hacer bien las cosas, los atajos no valen para nada. Si se demuestra que es verdad lo que se publica sobre la Real Sociedad (presuntas prácticas de doping y pagos de primas a terceros), veremos que no le sirvió para gran cosa, ya que acabó descendiendo a segunda división, donde pasó tres largas temporadas antes de volver a primera. Lo mismo se puede decir de gigantes como Emron u Olympus. Todas las trampas del mundo no sirvieron para impedir que la verdad aflorara (la primera incluso llegó a desaparecer).
Por eso, en un país donde hay un nivel aceptable de profesionales (yo diría que incluso tirando a bueno), el papel de la Alta Dirección es fundamental. Las organizaciones deben ser Proyectos pensados para el largo plazo, donde las personas que las integran puedan desarrollarse tanto en el plano personal como profesional con el objetivo de atender, de manera excelente, una demanda o necesidad no satisfecha. El beneficio acaba llegando y suele ser estable y duradero en el tiempo. Y con un reparto más justo de la riqueza llega la paz social, que puedo aseguraros que es uno de los mayores tesoros que tenemos.
El cambio de tendencia llegará. Probablemente por las malas, ya que no veo mucha voluntad de enmienda en quienes nos han traído a esta depresión (de momento están en la fase de “palabrería” y “a ver si pasa esta tormenta”). Pero 6 millones de parados (cifra que se incrementará) y una indignación social altísima acabarán por poner las cosas en su sitio.
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Hay niños que cuando tienen que llevar sus malas notas a casa intentan no enfrentarse a la desagradable situación de recibir la bronca de los padres. Tarde o temprano, la realidad termina por aflorar.
Algunas personas crecen y llegan a ocupar cargos de responsabilidad. Sin embargo, siguen comportándose como si siguieran en la edad infantil cuando tienen que enfrentarse a situaciones difíciles. Intentan ganar tiempo pensando que las cosas se van a arreglar, pero la realidad es que el problema es cada vez más grande y la realidad, otra vez, vuelve a aflorar. Que se lo pregunten, si no, a los responsables de la firma “Olympus”.
Lo mismo estamos viendo en el “caso Bárcenas”. Las pruebas que se acaban de publicar tienen poca discusión. La cúpula directiva del PP niega la autenticidad de las mismas, pero determinadas personas empiezan a reconocer que es verdad. Cospedal trata de ganar tiempo, pero olvida que la clase política en general, y su partido en particular, no tienen ninguna credibilidad ante la sociedad.
Tal y como están las cosas, el Gobierno tiene que dimitir y convocar nuevas elecciones. Y en el PP tiene que haber una profunda regeneración. Supongo que tiene que dar vértigo asomarse a un futuro completamente distinto a lo que ha sido la actividad diaria durante muchísimos años (y que ha permitido llevar un elevado tren de vida). Algo que, por cierto, ha ocurrido con millones de españoles últimamente. Aquí se ve que es muy fácil hablar de sacrificios, siempre que no recaigan en uno mismo. “Consejos vendo…”. “A ve si ganando tiempo las cosas se arreglan…”. ¡Pues no!
Este Gobierno no está en condiciones de dirigir la nave. Por exigencias de la Unión Europea, España debe seguir reduciendo su déficit público hasta una cifra del 3% (este año superará el 7%). La prima de riesgo sigue por encima de los 350 puntos básicos, lo que hace imposible cualquier atisbo de recuperación. Es muy probable que haya que acudir al rescate financiero, con todo lo que ello supone. ¿Alguien cree que los acreedores van a permitir a estas personas estar al mando?
La dirección del PP, una vez más, pone sus intereses particulares por encima de los generales. Cuanto más se retrase esta solución, peores serán las consecuencias. Una vez más, se pone de manifiesto la poca altura de nuestros dirigentes.
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La “bola de mierda” es cada vez más grande. El diario El País ha publicado hoy la lista de personas que supuestamente recibieron dineros a través de Luis Bárcenas.
En circunstancias normales estas noticias supondrían la caída del Gobierno y la existencia del PP como formación política estaría seriamente comprometida. Pero lo que vivimos ahora no son circunstancias normales.
España tiene un grave problema. Los partidos políticos son, en el fondo, empresas que se reparten una cuota de mercado que se establece en cada elección. En función de los resultados, acceden a cierta cuota de poder que utilizan para “cuidar de su gente”. Se crean empresas públicas con actividad económica más o menos justificada donde se colocan a militantes, simpatizantes o familiares, que cobran sueldos generosos que nunca peligran. Oposiciones a medida para los afines.
En estas circunstancias dejan ejercer su cometido como representantes de la voluntad popular para pasar a cuidar solamente sus intereses particulares. Y desde la responsabilidad que ejercen en el Ejecutivo o el Legislativo influyen de manera muy determinante en nuestra vida personal y profesional. Admitir “donativos” de empresas va contra la igualdad de oportunidades en la competencia empresarial, porque esos dineros siempre tienen una contraprestación.
La situación exige una profundísima regeneración del sistema. Dudo mucho que vaya a venir por parte de quienes hoy forman parte de la “casta política”. Está claro que habría que limitar el periodo de tiempo de dedicación a esta labor. 8 años en un mismo cargo y 16 la actividad pública sería una buena manera de empezar. Ello exigiría otra forma de funcionar en las organizaciones. Yo suelo poner el ejemplo de las comunidades de vecinos, que anualmente cambian de responsables y las casas no se caen.
To be continued.
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Cuántas veces he visto a directivos que ante una disminución de ventas ponen énfasis en reducir gastos, olvidándose de lo importante, que es conseguir que los clientes (los de siempre u otros nuevos) vuelvan a comprar. Parece mentira, pero es algo que ocurre con mucha frecuencia. El final de la historia suele ser que la empresa acaba cerrando tras una agonía cuya duración depende de lo saneada que estuviera con anterioridad.
Esto ocurre, también, en el ámbito público. Todo el esfuerzo se ha centrado en reducir el déficit (con muy poco éxito, por cierto, ya que el primer objetivo para 2012 era de dejarlo en el 4,5%, y la realidad es que va a quedar por encima del 7%).
He de reconocer que yo también soy partidario de no gastar más de lo que se ingresa. Pero la prioridad absoluta del Gobierno debería estar en volver a recuperar la actividad económica, algo que no es incompatible, por cierto, con contener el déficit.
La riqueza y el empleo lo generan las empresas. Y lo que éstas necesitan es que la Administración se encargue de establecer unas reglas de juego donde haya igualdad de oportunidades para todos. Que haya una verdadera liberalización en todos los mercados para que los clientes tengan verdaderamente una oferta amplia donde elegir. No es lo que ocurre en el sector energético o en el de las telecomunicaciones, por ejemplo.
Fomentar el crecimiento es eliminar trámites para facilitar la creación de empresas (en España es una auténtica tortura). Es eliminar subvenciones (es una medida proteccionista que supone “pan para hoy y hambre para mañana”). La empresa española ha estado muy pendiente de ellas durante muchos años. En su lugar, la Administración debería adjudicar un pequeño porcentaje de sus pedidos a empresas de nueva creación para permitirles crecer y hacerse un nombre con el que ganarse nuevos clientes.
El Estado también debe velar porque el sistema financiero funcione adecuadamente, de manera que se facilite la circulación de dinero que posibilite la actividad económica. Se han perdido 4 largos años en empezar a ponerlo en orden (hasta 2011 España gozaba, supuestamente, del mejor del mundo), habiéndose entregado a bancos y cajas de ahorro, en dicho periodo, miles y miles de millones de euros públicos que no han vuelto al sistema. De momento, nadie ha respondido por semejante desastre.
Como entiendo que quien está al mando no es tonto y sabe bastante más que yo de todo esto, siempre me hago esta pregunta: ¿qué intereses son los que defiende desde su puesto?
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