Una gripe inoportuna (¿alguna no lo es?) y una avería en el modem han dejado este blog fuera de combate durante 10 días. Por fortuna, todo está, de nuevo, en orden, y por lo tanto, volvemos a nuestra rutina habitual.
Es una sensación curiosa la de estar desconectado del mundo. No tengo televisión ni radio. Internet es la única vía que utilizo para saber lo que ocurre en otras partes. Debo admitir que, por desgracia, las cosas no han cambiado mucho (desde luego, a mejor no han ido) durante este periodo.
En este continente africano voy viendo el ingenio de la gente para buscar soluciones a la manifiesta falta de medios existente. Pero claro, a veces no basta solo con el ingenio. Hace falta tener recursos. Y en estos países, a menudo, escasean. Y lo que en el primer mundo sería una incidencia fácilmente subsanable, aquí puede llevar varios días el encontrar una solución al problema.
Donde hay necesidad hay una oportunidad. La atención mediática está concentrada en ciertos mercados emergentes (China, India, Brasil,…), pero Europa (y sobre todo España) debería darse cuenta de que África está mucho más cerca y que el potencial de crecimiento que hay aquí es enorme. Por supuesto que hay que dedicar tiempo (y dinero) para conocer la cultura y la mentalidad de estos países, pero es una inversión que con mucha posibilidad, va a tener un buen retorno.
Cuando se piensa en África, la imagen que nos viene a la cabeza es la de la pobreza, que es real, y la acción mayormente aceptada es la de enviar ayuda humanitaria. Pero aquí hay muchos emprendedores (¿hay algo más emprendedor que subirse a una patera para cruzar el océano hacia la “tierra prometida”?) que merecen una oportunidad. Para ello es necesario que las empresas extranjeras apuesten por este continente. Los que vivimos aquí lo agradeceremos. Y los que vengan del extranjero, también.
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Madrid y Barcelona pugnan por hacerse con la sede del complejo del juego “Eurovegas” (una réplica de Las Vegas). Promete 260.000 empleos (directos e indirectos) y un impacto de 15.500 millones de € en los próximos 10 o 15 años. Se calcula que el PIB subiría un 0,9%.
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. El inversor (situado en el ala derecha de los republicanos estadounidenses) exige, entre otras cosas, cambios en algunas leyes para acometer la inversión (supresión de la prohibición de fumar en espacios cerrados públicos y cierta equiparación de la normativa laboral española a la americana –con la consiguiente disminución de derechos para los trabajadores-). Estos cambios legislativos afectan a todas las administraciones del Estado, por lo que su resolución es compleja.
Independientemente del tipo de negocio que supone, con la derivada de la cualificación del empleo que se genera (que da para unos cuantos posts), lo que la actitud de los gobiernos catalán y madrileño nos muestra es la poca confianza que tienen en la recuperación económica en los próximos años.
Entiendo que quien va a realizar semejante inversión intente aprovechar su posición de fuerza para sacar el máximo provecho posible (como por ejemplo, exenciones fiscales que habría que ver si pueden ser consideradas ayudas estatales –no permitidas por la UE-). Pero crear una legislación laboral específica para quien trabaje en Eurovegas, además de ser inconstitucional, supondría crear una discriminación peligrosa frente a quien desarrolle su actividad de acuerdo al régimen común (que sería la inmensa mayoría de la gente). Madrid y Cataluña deberían dejar claro que hay ciertas cosas que no se pueden tocar. Pero de momento, no lo han hecho.
Cierto es que en el momento actual, con un país que puede cerrar el año con 6 millones de parados y con una economía deprimida, este proyecto puede parecer “el gordo de la lotería”. Pero hay caramelos que están envenenados. Y si no, que pregunten en Aragón, que hace años impulsó un proyecto parecido, que finalmente quedó en nada. Los políticos que apostaron por él no quieren saber nada de lo sucedido.
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Hace poco leí (no recuerdo dónde) que acaba de estallar la “burbuja-pop”. Algunos (parece que bastantes) grupos musicales tienen pendiente de cobro las actuaciones que han realizado en muchos municipios españoles. Los deudores, los ayuntamientos que les contrataron. Según el artículo, la situación de esas bandas es “crítica”. ¿Hay salida?
Hace un año publicamos un post sobre los cambios que se habían dado en la industria de la música. Quienes controlaban el negocio (las compañías discográficas) apenas han trasladado al precio de venta final el grandísimo ahorro en costes que ha supuesto eliminar el formato físico para la distribución de un álbum. Creen que siguen teniendo el control total del negocio, cuando es evidente que ya no es así. Y en lugar de adaptarse a los nuevos tiempos, insisten en buscar el camino de la represión, presionando a los gobiernos para que promulguen leyes como la “Sinde” o la “SOPA” en una batalla que tienen perdida de antemano.
Estoy en contra de la piratería. Si un artista no cobra por su obra, terminará por dejarlo. Pero los tiempos han cambiado, y todos deben adaptarse a los mismos. Si las canciones se vendieran en la red a 10 o 15 céntimos (en lugar del dólar que se cobra ahora), las ventas aumentarían exponencialmente y las copias ilegales disminuirían de igual manera. Y ventas millonarias significan ingresos millonarios. Todos ganan en este nuevo modelo (lo que pasa es que las compañías quieren llevarse mucho más de lo que lo hacían antes).
La gente elige lo que le gusta. Y con las posibilidades que ofrecen las redes sociales, los buenos músicos ya no dependen tanto como antes de las discográficas para masificar su producto. Así que quien deje de quejarse y se dedique a aprovechar las nuevas oportunidades que tiene ante sí será quien termine por triunfar.
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Recuerdo cuando era pequeño y los domingos no se vendía pan. Había que comprarlo el sábado y congelarlo para que al día siguiente estuviera decente. Un día empezaron a aparecer tahonas que abrían los domingos y que lo ofrecían recién hecho. El gremio de los panaderos protestó e intentó el boicoteo. Compraban una barra y pagaban con un billete de 5.000 pesetas (hablamos de finales de los 80). Pero todo fue inútil. La gente quería pan fresco a diario, domingos y festivos incluidos. Hoy son muchísimas las tahonas que abren cada día.
Los hábitos de nuestra sociedad han cambiado, y por lo tanto, sus necesidades también. Prácticamente se funciona 24 horas al día los 7 días de la semana durante todo el año. Los usos de los consumidores no son los de antaño.
Por ello, las autoridades han decidido liberalizar los horarios de apertura de los comercios, permitiendo la actividad en determinados domingos (en unos sitios más que en otros). En Bilbao, por ejemplo, se permite abrir en 8 de ellos. Algunas tiendas están intentando ejercer su derecho, pero se han encontrado con protestas de los sindicatos. Los compradores son insultados, y necesitan la protección de la policía. Y eso no está bien.
Yo no sé si hay demanda que justifique la apertura dominical (el tiempo lo dirá). Pero lo que es seguro es que si se confirma la bondad de la medida, supondrá mayores ventas, y por lo tanto, la creación de nuevos puestos de trabajo. Hay una extensa legislación laboral que regula los derechos y deberes de los trabajadores. Y los sindicatos deberían velar por que se respeten esos derechos. Para eso se negocia, para que todas las partes salgan ganando. Pero no se puede increpar a quien decide entrar a una tienda a consumir. No olvidemos que los clientes son la razón de la existencia de sus puestos de trabajo.
Escribo este post desde un país en el que las tiendas no cierran durante todo el año. Y como consumidor tengo que reconocer que la vida es mucho más fácil. ¿Tanto cuesta llegar a un acuerdo que mejore la oferta a los clientes y respete los derechos de los trabajadores?
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Ayer hablábamos de los malos efectos que se producen cuando se hace un mal uso de la subcontratación. Dinero (mucho) que se pierde por el camino en empresas que no aportan, realmente, ningún valor en el proceso. ¿Por qué ocurre?
Son varias las razones, aunque hay dos características que siempre se repiten: en primer lugar, está la actitud de quien realiza la primera adjudicación, y en segundo, la posición de fuerza de grandes empresas.
Cuando hablamos de una adjudicación, quien otorga el contrato es quien establece las reglas del juego. Y lo que he visto en los últimos años es que el funcionario o empleado de turno no se toman mucho tiempo en ver quién es el que realmente va a hacer el trabajo. Sencillamente, optan por dar el encargo a una gran firma (de esas que un amigo mío dice que hacen informes “de amplio espectro” que no sirven para nada). Si las cosas van bien, el adjudicador ha cumplido, y en caso contrario, siempre se cubrirá escudándose en que eligió a una compañía que ofrecía todas las garantías. Es raro encontrar a alguien que apueste por empresas pequeñas (que dominan la materia) o de reciente creación. No hay que correr ningún riesgo.
Ello da lugar a que sean estas grandes firmas quienes estén en posición de fuerza en esta cadena. Ellas pueden realizar los trabajos, pero en muchas ocasiones, lo subcontratan a otras empresas más pequeñas. Lo hacen mejor a un menor coste. Ya se encargan los grandes de “fijar los precios”.
El resultado es que la “tarta” se reparte de manera injusta, y el mal está en el origen, en el adjudicador. ¿Cuánto tiempo aguantarán quienes fomentan esto? No olvidemos aquello de “torres más altas han caído”.
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